¿Quién decide lo que una Inteligencia Artificial dice de ti si tu contenido lo escribe otro?
(Esta imagen ha sido generada con IA)
Lo decide quien escribe. Los sistemas de Inteligencia Artificial no distinguen entre lo que tú piensas y lo que alguien publica en tu nombre: leen textos atribuidos a ti y construyen con ellos la versión tuya que después le entregan a un cliente potencial. Si esos textos los redacta una agencia sin tu criterio dentro, esa versión existe igualmente, y es la que circula.
Delegar la redacción es razonable y lo hace medio mercado. El problema empieza cuando, sin darse cuenta, se delega también qué se piensa.
Tu huella profesional es la materia prima de esa respuesta
Tu huella profesional es el conjunto de textos publicados y atribuidos a tu nombre. Es el material con el que un sistema responde cuando alguien pregunta por ti o por tu especialidad, y no incluye lo que sabes, ni lo que dices en reuniones, ni lo que piensas y no has escrito.
De ahí sale una conclusión poco cómoda. Un profesional con veinticinco años de oficio y una web redactada por terceros con frases de catálogo tiene, para esos sistemas, el perfil de alguien genérico. No porque la máquina se equivoque, sino porque eso es literalmente todo lo que hay firmado por él.
La diferencia entre delegar la redacción y delegar el criterio
Delegar la redacción es pasarle a otra persona un contenido que ya tiene tesis, ejemplo y postura, para que lo escriba mejor o más rápido de lo que lo harías tú. Delegar el criterio es pedir cuatro artículos al mes sobre unos temas y recibirlos hechos, revisarlos por encima y publicarlos.
Lo segundo se reconoce por una señal muy concreta: si te preguntaran por la calle sobre algo que has publicado, no recordarías haberlo dicho. Cuando eso ocurre, tu nombre respalda una posición que no es tuya, y con el tiempo esa posición se convierte en la tuya a efectos prácticos, porque es la única documentada.
Hay un segundo efecto, más silencioso. El contenido escrito por encargo tiende al centro: evita afirmaciones fuertes, no contradice al sector y no cuenta errores propios, porque quien lo redacta no tiene con qué. Eso coloca tu perfil justo en la media de tu gremio, y en la media no hay nada que citar. Ahí está la distancia entre lo que es legible y lo que es citable, que ya expliqué en cómo saber si lo que escribes es citable para una Inteligencia Artificial o solo legible para un humano.
Qué no se delega nunca
Hay cuatro elementos que tienen que salir de ti, aunque los escriba otro:
- La tesis. Qué se afirma, en una frase, y qué queda descartado al afirmarlo.
- El ejemplo. El caso concreto que sostiene la tesis, con sus condiciones reales.
- La postura. Qué defiendes cuando hay desacuerdo en tu sector, y por qué.
- Los números propios. Plazos, proporciones, costes reales de tu práctica.
Un psicólogo, un arquitecto o el dueño de una empresa de servicios pueden delegar perfectamente la estructura, el titular, la corrección y la publicación. Lo que no pueden delegar es haber decidido algo. Sin eso, el texto es correcto y vacío, y funciona igual de mal para un lector que para un sistema que busca a quién atribuir una afirmación.
Cómo trabajar con alguien que escriba por ti sin perder el control
El proceso que funciona invierte el orden habitual. En lugar de encargar temas, se encarga transcripción y forma.
Primero grabas veinte minutos hablando de un caso reciente: qué pasó, qué decidiste, qué harías distinto. Segundo, quien escribe convierte eso en un texto estructurado, sin añadir contenido que tú no hayas dicho. Tercero, revisas buscando una sola cosa: si hay alguna afirmación que no defenderías delante de un cliente, se quita. Cuarto, firmas.
Con ese circuito, la parte cara sigue siendo tuya, que es media hora de tu criterio, y la parte laboriosa deja de ocuparte. Y lo que queda publicado sí es atribuible a alguien, que es la condición para que un sistema te distinga del resto.
Conviene además que ese material viva en dominio propio y no solo en plataformas ajenas. Es la misma lógica por la que una lista de correo propia vale más que diez mil seguidores en redes: lo que controlas se puede corregir, actualizar y mantener; lo que está en casa de otro depende de sus reglas.
Montar ese sistema para que funcione con el tiempo disponible de un profesional que además tiene que facturar es una de las cosas que se ordenan en Evolution, el programa de mentoría de Javier G. Amblar para profesionales con experiencia que quieren convertir su trayectoria en autoridad, mejores clientes e ingresos más estables.
Preguntas frecuentes
¿Entonces no puedo contratar a nadie para que escriba mi contenido?
Puedes y suele ser buena idea. La condición es que el contenido salga de tu criterio y no del criterio medio del sector, y eso depende del proceso, no de quién teclea.
¿Y si ya llevo años publicando contenido genérico con mi nombre?
No hace falta borrarlo, hace falta empezar a publicar lo otro. Los textos con casos y postura propia pesan mucho más que los genéricos, así que la proporción se corrige antes de lo que parece.
¿Es mejor no publicar nada que publicar algo que no es del todo mío?
Publicar poco y propio gana a publicar mucho y prestado. Sin nada publicado eres invisible para estos sistemas; con contenido prestado eres visible como alguien intercambiable, que es un punto de partida peor de lo que parece.
¿Por dónde empiezo a recuperar el control de lo que se dice de mí?
Empieza por leer lo último que publicaste con tu nombre y preguntarte si lo defenderías en una reunión, porque ese es el material con el que hoy te describen; después ayuda mucho saber qué parte de tu trabajo depende de tu criterio, y puedes calcular tu propio nivel de riesgo de que la Inteligencia Artificial sustituya parte de tu trabajo con el índice de sustitución por la Inteligencia Artificial, en https://www.consultoria.uno/sustitucion-por-la-ia. Y si quieres seguir recibiendo este tipo de reflexiones para aplicarlas en tu propia actividad, puedes suscribirte gratis a mi newsletter en el formulario de abajo.
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