¿Se puede emprender sin dejar tu trabajo?
(Imagen generada con Inteligencia Artificial)
Sí, se puede emprender sin dejar tu trabajo, y para quien tiene una trayectoria sólida suele ser la forma más sensata de empezar a tener clientes propios. Funciona cuando decides cuatro cosas antes de buscar al primero: qué te permite tu contrato, qué servicio cabe en las horas que tienes libres, qué bloque de la semana proteges para él y en qué momento dejarás el empleo. Sin esas cuatro decisiones, lo que hay es trabajar a ratos en algo que nunca termina de arrancar.
Mi opinión, después de muchos años hablando con profesionales en este momento de su carrera: casi nadie se queda a medias por falta de ganas ni de conocimiento. Se queda a medias porque nunca puso fecha ni condiciones. El proyecto vive en los huecos que deja el empleo, y el empleo siempre encuentra la manera de ocupar esos huecos.
Qué significa emprender sin dejar tu trabajo
Emprender sin dejar tu trabajo es construir una base de clientes propios en un tiempo acotado fuera de tu jornada, con un criterio escrito para decidir cuándo pasar al siguiente paso. No es un pasatiempo con factura ni un plan B guardado en un cajón. Es la primera fase de tu negocio, hecha con la tranquilidad de que la nómina sigue entrando.
Esa tranquilidad tiene un valor enorme. Te permite elegir a quién atiendes, decir que no a lo que no encaja y cobrar lo que corresponde desde el principio, porque no necesitas el dinero de este mes. Quien se independiza de golpe y sin clientes suele aceptar lo primero que llega. Quien empieza con el empleo detrás puede permitirse atraer mejores clientes desde el primer día.
Las cuatro decisiones que van antes del primer cliente
1. Lo que dice tu contrato. Antes de nada, se lee. Busca tres cosas: si hay cláusula de exclusividad, si hay pacto de no competencia y si te prohíbe atender a clientes de la empresa. Muchas veces la actividad por cuenta propia es compatible con el empleo, pero depende de lo que hayas firmado y del sector. Si hay dudas, una consulta con un abogado laboralista cuesta poco y evita el único problema que de verdad complica las cosas: empezar tu negocio enfrentado a quien todavía te paga. La parte fiscal y de cotización, con un gestor.
2. Un servicio estrecho. Con diez horas a la semana no se puede ofrecer todo lo que sabes hacer. Se ofrece una cosa: el problema que más veces has resuelto, para un tipo de cliente concreto, con un principio y un final. Lo he desarrollado en cómo convertir el problema que más has resuelto en tu primera oferta. Cuanto más estrecho, más fácil es explicarlo y más fácil es que te recomienden por ello.
3. Un bloque fijo y protegido. Dos tardes y una mañana de sábado, por ejemplo. Siempre las mismas. Lo que no está en el calendario con día y hora no existe, y lo que cambia cada semana acaba cediendo ante el cansancio. El bloque también sirve para tus clientes: saben cuándo pueden verte y eso, lejos de restar, transmite orden.
4. La condición de salida, escrita. Es la decisión que casi nadie toma y la que más pesa. Se escribe antes de empezar, en una frase: "Dejo el empleo, o reduzco jornada, cuando pase esto". Puede ser un número de clientes estables durante varios meses seguidos, una lista de espera o unos ingresos propios que cubran tus gastos personales durante un tiempo que tú fijas. Lo importante no es la cifra exacta, es que la decides con la cabeza fría y no un domingo por la noche.
Un caso concreto: la consulta de tarde de Lucía
Lucía es logopeda y lleva once años en una clínica de rehabilitación infantil. Le gusta su trabajo y no tiene prisa por irse. Lo que quiere es atender también a otro tipo de paciente: adultos que usan la voz para trabajar, como profesores o personas que pasan el día al teléfono, y que llegan a la clínica de rebote, sin un servicio pensado para ellos.
Lo primero que hace es leer su contrato. No hay exclusividad, y el pacto que firmó solo le impide atender a pacientes de la clínica. Como la clínica no trata a adultos, no hay conflicto. Aun así, se lo comenta a la directora antes de empezar. Prefiere que lo sepa por ella.
Después define el servicio: un programa de seis sesiones para recuperar la voz y aprender a cuidarla, con ejercicios para casa entre una sesión y otra. Nada más. No hace evaluaciones infantiles por su cuenta, aunque se lo pidan, porque ahí sí competiría con la clínica y porque no le cabe en el bloque.
El bloque son martes y jueves de seis a nueve de la tarde, en un despacho que alquila por horas en un centro de salud integrativa cerca de casa. Los sábados, nada. Lo decidió así porque tiene dos hijos y sabe que un sábado comprometido es un sábado que acaba pesando.
Y escribe su condición de salida en la primera página de un cuaderno: "Cuando tenga las seis horas llenas durante cuatro meses seguidos y gente esperando, pido reducción de jornada en la clínica". No dejar el empleo, reducirlo. Es un paso intermedio que le permite crecer sin apostarlo todo.
Tardó bastante más de lo que pensaba en llenar las seis horas. Pero cuando pidió la reducción de jornada lo hizo con calma, con números delante y con la relación con la clínica intacta.
Primeros clientes mientras sigues empleado: con quién sí y con quién no
Los primeros suelen salir de quien ya conoce tu trabajo, y cómo contárselo lo explico en cómo anunciar que empiezas a trabajar por tu cuenta.
Lo que conviene evitar es buscar clientes entre los de tu empresa mientras sigues en ella. Otra cosa distinta es lo que puede pasar después, cuando ya has salido y respetando lo firmado: hay casos en los que tu antiguo empleador puede convertirse en tu primer gran cliente como independiente. Las dos cosas son compatibles precisamente porque la primera se hizo bien.
Cuándo dejar el empleo, y cuándo no
El momento lo marca la condición que escribiste, no el entusiasmo de un buen mes. Un mes con la agenda llena puede ser casualidad. Cuatro seguidos ya dicen algo sobre la demanda real de lo que ofreces.
Entre seguir igual y marcharse hay pasos intermedios que se usan poco: reducir jornada, pasar a una colaboración por proyecto con tu empresa, pedir una excedencia si tu situación lo permite. Cada uno amplía el bloque sin quitarte toda la red de golpe. Los he visto funcionar mejor que la despedida heroica.
Y hay una señal en sentido contrario que también merece atención. Si después de un tiempo razonable el bloque sigue medio vacío, el problema casi nunca es el empleo. Suele ser el servicio, que es demasiado amplio, o el mensaje, que no deja claro a quién ayudas. Se corrige eso antes de pensar en irse.
A quién no le sirve este camino
No a todo el mundo. Si tu contrato tiene exclusividad y no se puede negociar, no hay atajo honesto. Si tu empleo ya ocupa cincuenta horas a la semana, añadir diez más no es emprender, es agotarse por entregas. Y hay servicios que necesitan una inversión o una dedicación que no caben en dos tardes, como montar una clínica con equipo propio. En esos casos el plan es otro: ahorrar, preparar el servicio y empezar con fecha de salida desde el principio.
Para el resto, que es mucha gente, empezar con el empleo detrás es una ventaja que conviene aprovechar con método. Ordenar ese método (decidir el servicio, preparar el mensaje y dejar que la Inteligencia Artificial se ocupe de lo repetitivo del bloque, como la agenda, los recordatorios o las primeras respuestas) es parte de lo que se trabaja en "Evolution IA", la mentoría estratégica de Javier G. Amblar para profesionales con experiencia que quieren convertir lo que saben en más y mejores clientes, siempre con la persona al mando.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que decírselo a mi empresa?
Depende de tu contrato, y por eso se lee antes. Aunque no estés obligado, contarlo cuando no hay conflicto de intereses suele evitar malentendidos y protege la relación. Lo que nunca conviene es que se enteren por un cliente compartido.
¿Cuántas horas a la semana hacen falta para empezar?
Menos de las que parece, siempre que sean fijas. Un bloque de seis a diez horas, el mismo cada semana, basta para atender a los primeros clientes y comprobar si el servicio tiene demanda. Más horas sueltas rinden menos que pocas horas protegidas.
¿Es mejor reducir jornada o dejar el empleo del todo?
Para la mayoría, reducir primero. Te da más tiempo para crecer sin perder toda la base de ingresos, y la decisión de salir del todo se toma después, con datos de varios meses y no con una corazonada.
¿Por dónde empiezo esta misma semana?
Por las dos decisiones que no cuestan nada: leer tu contrato con calma y escribir en una frase tu condición de salida. Con eso hecho, el resto se ordena mucho mejor. Si quieres seguir recibiendo reflexiones como esta para aplicarlas en tu propia actividad, suscríbete gratis al newsletter en el formulario de aquí abajo.
Suscríbete, te va a ser muy útil...
No envíamos spam y respetamos tu privacidad.