Por qué actualizas al cliente demasiado tarde o demasiado poco

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Repisa con reloj y dos cuadernos abiertos: la frecuencia de actualización al cliente comunica tu capacidad de gestión

Actualizar al cliente con demasiada frecuencia genera ansiedad y microgestión. Hacerlo con demasiada poca genera desconfianza y la sensación de que el proyecto está parado. El punto de equilibrio no es el mismo para todos los clientes ni para todos los proyectos, pero tiene una lógica que se puede aprender: cuándo actualizas, en qué formato y qué incluyes determina en gran medida la percepción de control que tiene el cliente sobre su propio encargo.

 

El cliente ansioso y el cliente fantasma

 

Hay dos patrones de error opuestos en la actualización de proyectos. El primero es el profesional que desaparece durante semanas y reaparece con el trabajo terminado o, peor, con problemas que no comunicó a tiempo. El cliente no sabe si el proyecto está avanzando, si hay algún obstáculo, ni si tiene que hacer algo. Genera una ansiedad silenciosa que se convierte en desconfianza aunque el trabajo final sea bueno.

El segundo patrón es el profesional que actualiza cada paso con tanta frecuencia que el cliente acaba gestionando el proyecto desde dentro, dando opiniones en momentos donde no debería y tomando decisiones que no le corresponden. El exceso de actualizaciones puede parecer transparencia, pero en realidad transfiere al cliente una carga que no pidió y genera la sensación de que el proyecto no tiene un piloto claro.

La frecuencia de actualización comunica tu capacidad de gestión. Un ritmo razonable y predecible dice que tienes el proyecto bajo control. Un ritmo errático, demasiado denso o demasiado espaciado, dice que no.

 

Cuándo actualizar demasiado sale caro

 

El exceso de comunicación tiene un coste que no se mide en tiempo, sino en posicionamiento. Cuando un cliente recibe una actualización por cada pequeña decisión que tomas, aprende que tú tampoco decides sin su validación. Eso no es colaboración, es transferirle una responsabilidad que debería ser tuya.

Cada actualización innecesaria genera una expectativa de respuesta. Y si el cliente responde con opiniones en cada micro-decisión, termina co-gestionando el proyecto desde fuera con información incompleta. Eso es lo que produce las peticiones de cambio que no estaban en el briefing, las sugerencias a medio camino que obligan a rehacer trabajo, y el proyecto que nunca termina de cerrar.

El profesional que controla la frecuencia de comunicación controla también la percepción de autoridad sobre el encargo. Actualizar al cliente cuando tú lo decides, no cuando él lo pide, es parte de dirigir el proyecto.

 

Cuándo actualizar poco sale más caro aún

 

Si el exceso de comunicación erosiona la autoridad, la falta de comunicación erosiona la confianza. Y la confianza es más difícil de recuperar.

El cliente que no recibe actualizaciones no asume que el proyecto va bien. Asume que no sabe lo que pasa, y en la ausencia de información, la imaginación tiende a lo negativo. A eso se añade que cuando algo va mal, si no lo comunicaste a tiempo, el cliente lo descubre cuando ya tiene más dimensión de la que habría tenido si lo hubieras dicho antes.

Entre tú y yo: la razón por la que muchos profesionales no actualizan al cliente es que temen que la actualización abra una conversación difícil. Si el proyecto va por detrás del calendario, no quieren decirlo. Si hay un obstáculo, prefieren resolverlo primero. Pero el cliente que se entera tarde de los problemas pierde la confianza, no tanto por el problema en sí como por la sensación de que alguien le estaba ocultando algo.

La comunicación proactiva, incluso cuando trae malas noticias, construye más confianza que el silencio que las esconde. En el artículo sobre cómo dar malas noticias a un cliente sin dañar la relación hay más detalle sobre esto.

 

Qué formato tiene una actualización útil

 

Una actualización útil no es un correo largo con todo lo que has hecho. Es un mensaje estructurado que responde a tres preguntas que el cliente siempre tiene en la cabeza, aunque no las pregunte:

¿Dónde estamos? Una línea que sitúa el estado actual del proyecto respecto al plan. No un relato de lo que hiciste, sino dónde está el trabajo en este momento.

¿Va según lo previsto? Si hay desviación respecto al briefing, decirlo ahora. Si todo va en plazo y según lo acordado, decirlo también. La confirmación de que todo va bien es tan útil como el aviso de que hay un obstáculo.

¿Necesitas algo de mi parte? Si el cliente tiene que hacer algo, aprobarlo, enviarte algo o tomar una decisión, el momento de pedírselo es en la actualización, no en un correo separado que llega por sorpresa. Esto gestiona las dependencias del proyecto de forma proactiva.

Esas tres respuestas, en un correo de cinco a ocho líneas, son una actualización de proyecto completa. No necesitas más.

 

La regla del horizonte: cuándo actualizar según el tipo de proyecto

 

Una regla sencilla para saber con qué frecuencia actualizar: el cliente necesita una actualización cuando el tiempo entre actualizaciones supone una proporción relevante de la duración total del proyecto.

En un proyecto de una semana, una actualización a mitad es suficiente. En un proyecto de un mes, una actualización semanal es lo razonable. En un proyecto de seis meses, una actualización quincenal o mensual puede funcionar si el cliente conoce el ritmo y no tiene dependencias intermedias.

Lo que importa es que el cliente sepa cuándo puede esperar la siguiente actualización. No que te llame cuando le entre la ansiedad, sino que sepa que el próximo viernes recibirá un correo tuyo con el estado del proyecto. Esa predictibilidad vale más que la frecuencia.

 

Cómo calibrar el ritmo con cada cliente

 

No todos los clientes quieren el mismo nivel de comunicación. Hay quien prefiere saber los detalles y hay quien solo quiere saber que todo va bien. La forma de calibrarlo es preguntarlo en el briefing inicial, no adivinarlo.

Una pregunta tan sencilla como "¿Con qué frecuencia quieres que te tenga informado y por qué canal?" al inicio del proyecto ahorra muchos malentendidos. Y si el cliente pide un nivel de comunicación que no es operativo para ti, es el momento de ajustarlo antes de que se convierta en expectativa.

El artículo sobre el briefing que evita el 80% de los problemas con un cliente cubre cómo incluir esto en la conversación de inicio del proyecto.

La gestión de la comunicación durante el proyecto no es una habilidad menor. Es parte de cómo entregas el encargo. El trabajo visible es el resultado final. El trabajo invisible que construye la percepción de ese resultado es cómo te comunicaste durante el proceso.

Quien gestiona bien la comunicación durante un proyecto consigue algo que va más allá del cliente satisfecho: consigue que el cliente lo recuerde como alguien que tuvo el proceso bajo control en todo momento. Y eso es lo que genera referencias y proyectos siguientes.

Si quieres construir un sistema de relación con clientes que genere recurrencia y autoridad, en Evolution trabajamos esto con acompañamiento personalizado.

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Preguntas frecuentes sobre actualizar al cliente durante un proyecto

 

¿Cuántas actualizaciones al mes son las adecuadas en un proyecto largo?

Depende de la duración del proyecto y de las dependencias que tenga el cliente. Como referencia: en proyectos de más de tres meses, una actualización quincenal estructurada suele ser suficiente si el cliente no tiene que hacer nada entre actualizaciones. Si el cliente tiene aprobaciones o entregas intermedias, la frecuencia se ajusta a esas dependencias.

¿Qué herramienta uso para las actualizaciones?

La que ya usa el cliente. El correo es la herramienta más universal y deja registro escrito, lo que protege a las dos partes. Si el cliente usa un sistema de gestión de proyectos, adaptas el formato. La herramienta importa menos que el contenido y la consistencia del formato.

¿Qué hago si el proyecto va bien y no tengo nada relevante que reportar?

Lo dices: "Todo va según lo previsto. Siguiente hito el [fecha]. No necesito nada de tu parte por ahora." Eso es una actualización completa. El cliente no necesita novedades cada vez; necesita saber que alguien tiene el timón.

¿Y si el cliente me pide más actualizaciones de las que son razonables?

Es una conversación que hay que tener, no ignorar. Puede significar que el cliente tiene una preocupación concreta que no ha verbalizado, o que el nivel de confianza inicial no es suficiente. Entender qué hay detrás de esa petición es más útil que simplemente aumentar la frecuencia de correos.

¿Cómo gestiono la actualización cuando hay un retraso?

Con anticipación, no con excusas. En cuanto sabes que va a haber un retraso, lo comunicas: "Hay un cambio en el calendario. El entregable que estaba previsto para el [fecha] se retrasa hasta el [nueva fecha] por [razón concreta]. No afecta al resto del plan. Si necesitas ajustar algo de tu lado, dímelo." La comunicación anticipada del problema es lo que distingue a quien controla el proyecto de quien va detrás de él.

 

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Sobre el autor

Javier G. Amblar es consultor estratégico senior con 26 años de experiencia en consultoría, comunicación y estrategia. Ha formado a más de 33.000 profesionales en 55 países, fue profesor del IE Business School, donde recibió el Premio a la Excelencia Docente, es colaborador experto en medios como RTVE, Telemadrid, Onda Cero, EsRadio, etc., y autor del libro Liderazgo.

En consultoria.uno comparte su experiencia, conocimientos y criterio sobre posicionamiento profesional, autoridad y adaptación de la experiencia al nuevo entorno.

"Evolution" es el programa de mentoría y acompañamiento de Javier G. Amblar para profesionales con experiencia que quieren convertir su trayectoria en autoridad, mejores clientes e ingresos más estables. Puedes conocerlo en la página de Evolution.